Voy a usar una metáfora tan cliché como acertada; cuando te conocí estaba rota, vacía, sentía que había poco a lo que podía aferrarme, y entonces vos tomaste todos mis pedazos y los uniste. Ambos creímos que sería permanente y por eso, al soltarme, creí que me habías hecho daño. Pero, así como el pegante de papel no es capaz de mantener unidas las partes de un vidrio, en realidad solo me dejaste tal como me habías encontrado tiempo atrás. Por eso no quiero que vengás, ni vos ni alguien nuevo, porque si me dedico a dejar que otro una mis partes, nunca sabré realmente cómo repararme sola y lo necesito.
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Tenerme.
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Cuando una mujer se tiene a sí misma, podrás entrar o salir de su vida, podrás halagarla o juzgarla, y ella te recibirá o despedirá amablemente. Ella te agradecerá y comprenderá tus sombras, porque ya conoce las suyas. Probablemente no la toleres y a la vez quieras poseerla. Terminarás por alejarte, si no tienes el valor de respetarla. Cuando una mujer se tiene a sí misma, el universo danza a sus pies y ella se eleva. Ella se vuelve compasión. Ella elije. Ella es consciente. Ella da y recibe amor. Es sencillo reconocerla. La mujer que se tiene a si misma Sonríe en el sol como en la tormenta. Celebra la vida y comprende la muerte. Vive y danza los procesos. No tiene un tono, ella es un arcoiris
Desvarío
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Estaba de noche y lo único en lo que pensaba era en cómo seguir las formalidades de la ocasión: saludar a los conocidos, presentarme con los nunca vistos, ayudar en lo que se necesitara... llegaron unas cuantas personas. Todo se dio acorde al plan, no hubo contratiempos de ningún tipo. Posteriormente, sin poder percibirlo, estaba afuera de la casa de mi vecino. No vi llegar a Juan Camilo, quien me dijo que lo esperara mientras iba a cambiarse. Yo me quedé afuera y, al voltear mi cabeza, ví cómo un sujeto de gafas y cara desconocida, abría (o cerraba) la puerta de un spark blanco, que reconocí de inmediato. Lo primero que hice fue gritarle, mientras corría hacia él, pero logró huir y sólo pude ver cómo se volteaba, sacando su arma, para dispararme. Todo se sintió muy lento, incluso creo haber visto el trayecto de la bala y haber tenido tiempo de voltearme, para que impactara directamente en mi espalda, desplomándome de inmediato. Estaba justo al frente de mi casa y sólo logré...
Historia impropia
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Pongamos que un fulano va tranquilo por la vida hasta que se topa con una mengana, una que no tiene mucho de especial, que puede encajar en el promedio de menganas que van caminando por ahí por la calle, el fulano la ve y siente la necesidad de buscarla, hablarle, conocerla. Pongamos que la mengana, que anda por ahí, viviendo su vida con unos cuantos agobios, también lo nota y también se interesa en el fulano, porque sabe que cada persona es un mundo diferente y que de todos puede aprender mucho, y aunque a veces repele la compañía, otras veces se muestra presta a compartir pedacitos de su vida con desconocidos. Entonces se conocen y a la mengana le parece interesantísimo que al fulano le guste escalar, viajar, leer a Allende, relatar con precisión absoluta sus recuerdos y caminar mucho, así que le sigue hablando y empiezan a compartir cada vez más el uno al otro de lo suyo. Con todo esto, el fulano empieza a tener un interés diferente y, más allá de la belleza de la mengana,...