No te enamores de mí porque estoy perdida. Porque mi cuerpo no lo poseo yo, sino la zozobra y la indecisión. Porque mi espíritu es libre y de repente dejo de estar para todos. No te enamores de mí porque soy frágil, no tengo percepción del espacio y me cuesta recordar los detalles, a veces me pierdo en mí y la gratitud es un concepto que aún se me dificulta acoger. Tampoco tengo la capacidad de dimensionar el riesgo y mi temeridad me llena de situaciones infortunadas. No te enamores de mí porque tiendo a ser inconforme, reservada, crítica, analítica, para nada espontánea, de vez en cuando irresponsable, tímida en cada una de mis puntas, a veces amante del cambio, pero otras un poco suspendida. No te enamores de lo que este conjunto de defectos tienen para ofrecerte, porque s uelo ser bastante desprendida, indiferente, evasiva, me hastío con facilidad, no me gusta la atención en exceso, disfruto tanto de la soledad que incluso puedo llegar a forzarla...
Porque a veces huyo, porque tengo miedo, porque me brillan los ojos, por el color de mi pelo. Tal vez por lo pragmática o por lo soñadora, que algunos días soy una, pero después otra. Quererme por la mañana, cuando aún no me reconozco, o tal vez por la noche, cuando en soledad soy poco. Quererme porque sí, por si acaso me encuentro, porque sonrío y no me quemo, o tal vez sí, entre tus dedos.
Comentarios
Publicar un comentario