No te enamores de mí porque estoy perdida. Porque mi cuerpo no lo poseo yo, sino la zozobra y la indecisión. Porque mi espíritu es libre y de repente dejo de estar para todos. No te enamores de mí porque soy frágil, no tengo percepción del espacio y me cuesta recordar los detalles, a veces me pierdo en mí y la gratitud es un concepto que aún se me dificulta acoger. Tampoco tengo la capacidad de dimensionar el riesgo y mi temeridad me llena de situaciones infortunadas. No te enamores de mí porque tiendo a ser inconforme, reservada, crítica, analítica, para nada espontánea, de vez en cuando irresponsable, tímida en cada una de mis puntas, a veces amante del cambio, pero otras un poco suspendida. No te enamores de lo que este conjunto de defectos tienen para ofrecerte, porque s uelo ser bastante desprendida, indiferente, evasiva, me hastío con facilidad, no me gusta la atención en exceso, disfruto tanto de la soledad que incluso puedo llegar a forzarla...
Porque a veces huyo, porque tengo miedo, porque me brillan los ojos, por el color de mi pelo. Tal vez por lo pragmática o por lo soñadora, que algunos días soy una, pero después otra. Quererme por la mañana, cuando aún no me reconozco, o tal vez por la noche, cuando en soledad soy poco. Quererme porque sí, por si acaso me encuentro, porque sonrío y no me quemo, o tal vez sí, entre tus dedos.
Óptica La longitud de onda de la radiación luminosa de sus ojos se refleja lo suficiente como para que mis terminaciones nerviosas entiendan que los techos se hicieron para colorearnos, colgando de nuestros silencios mientras nos envuelven noches densas, iluminadas por destellos que a la distancia resultan más armónicos, y es que no se trata de la ilusión de verlos, sino de la latitud a la que se encuentran (eso es lo que las hace atractivas; la puta distancia). Ondulación El camino de las utopías llega hasta una casa que parece deshabitada, pero que atrae a quienes buscan un espacio para dejarse llevar por las escalas y las frecuencias de oscilación, como las que se dan entre mis ondas agitadas y su armónico a punto de rugir. Que delicia sentir las melodías que crean nuestros cuerpos en el silencio, con el acústico de fondo y el sabor de su piel en mis papilas (concluí que tu sabor es Umami; novedoso, pero delicioso e intenso). Electromagnetismo Por mi parte dejé de ...
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