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Con permiso

No te enamores de mí porque estoy perdida. Porque mi cuerpo no lo poseo yo, sino la zozobra y la indecisión.  Porque mi espíritu es libre y de repente dejo de estar para todos. No te enamores de mí porque soy frágil, no tengo percepción del espacio y me cuesta recordar los detalles, a veces me pierdo en mí y la gratitud es un concepto que aún se me dificulta acoger. Tampoco tengo la capacidad de dimensionar el riesgo y mi temeridad me llena de situaciones infortunadas. No te enamores de mí porque tiendo a ser inconforme, reservada, crítica, analítica, para nada espontánea, de vez en cuando irresponsable,  tímida en cada una de mis puntas, a veces amante del cambio, pero otras un poco suspendida.  No te enamores de lo que este conjunto de defectos tienen para ofrecerte, porque s uelo ser bastante desprendida, indiferente, evasiva, me hastío con facilidad, no me gusta la atención en exceso, disfruto tanto de la soledad que incluso puedo llegar a forzarla...

Prudencia

Construir el amor mientras pasa, mientras se siente en el estómago, cuando llega al pecho y pasa a las extremidades. Entre risas y malentendidos dejarse llevar, conocer al otro desnudo en cuerpo y alma, acoger una suerte de complicidad con todos los planes y proyectos de la vida. Construirlo sin saber y, mientras los días pasan, sentir su plenitud, porque alguien te complementa y hace parte de vos. Así, una vez se va, queda una estructura lo suficientemente fuerte. Es amor, pero de otro tipo; uno más sutil y ligero, ya no se siente en las extremidades, el pecho o el estómago, ahora se siente en la nostalgia, en la perspectiva y en el aire que te baña en recuerdos. Nada se pierde, todo se transforma .

Utopías

Estoy volando y siento la calma,  No aleteo. Siento la vibración de las turbinas en mis pies. Y las nubes que envuelven mi mirada. En mi pecho una dicotomía, entre el miedo por aterrizar y la calma del sonido producido por el viento.  ¡Lo juro!  Estoy volando y no aleteo.  Siento calma,  Siento cómo las estrellas Vienen hacia mí,  Siento paz. Estoy volando porque el universo lo quiere así.  Hoy mi felicidad es silenciosa, es austera. Estoy volando con el viento, con la vida y los deseos... con miedo.  Pero más que eso vuelo en el presente desencadenante de mi historia. En el presente que teje los hilos del mañana. En el presente que la vida me da, vuelo aquí y ahora. Cada vez más cerca de la velocidad de la luz, cada vez más rápido y segura. Vuelo tras el camino de mis sueños.  Vuelo,  Vuelo, Vuelo. Lise Nathalie Vargas 
Con las manos llenas de ti.

Indulgencia

Lo siento.  No son dos palabras puestas y mal gastadas con el pasar de los años, usadas con hipocresía y banalidad por quienes pretenden excusar cualquier dicho o comportamiento, sin en realidad sentirlo. Porque eso dicen "lo siento", sin saber que implica compasión, ponerse en el lugar del otro y realmente sentir lo que siente, que generalmente no es agradable. "Lo siento" porque me duele que te esté pasando, porque sé que no es bonito y quiero que compartamos ese dolor hasta que pase. "Lo siento" porque sintiéndolo reinvindico lo que ocasionó tu padecimiento, porque me lleno de eso, para quitarte un poco la carga y que ahora sea compartida.  Yo lo siento, porque estuve en tu lugar y dolió mucho. Porque no sé si te dolió más o menos que a mí en su momento, pero solo el hecho de ser causante de un malestar, me aflige y me pone en una posición que no quisiera nunca haber ocupado. Y sinceramente no fue la primera vez, y puede que tampoco sea la última, pero ...
Un cadáver exquisito!  -Pensé, mientras en la televisión miré gente morir por el virus y yo con dolor de garganta- Después recordé que la noche anterior me había terminado una cajetilla de cigarrillos solo. Seguramente pasaría y de nuevo sólo quedaría la ansiedad, porque ver pasar los días en el encierro ha sido como perder la carrera contra la muerte y solo esperas, en tu encierro, que golpee tu puerta para cobrar su premio. Entonces algo me sacó de mis cavilaciones. Un golpe seco llegó a mis oídos e instintivamente busqué de dónde provenía. La puerta que da a la calle estaba abierta, como si quisiera que lo vieran entrar, parecía el mismísimo diablo y entonces escuché unos gritos en el último cuarto... Preso del creciente pánico dudé por un instante sobre si debía acercarme e indagar qué estaba ocurriendo en la habitación, el suficiente para caer en cuenta de que esa tarde me encontraba solo. No podía razonar con claridad, mi respiración se agitaba, intenté darle una...
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Me gusta un poco el desorden y el caos; las camas ligeramente desordenadas el cabello revuelto por el viento las carcajadas disonantes que rompen el silencio el sonido de las gotas incesantes que golpean mi ventana la música que se dispara y hace que mis pies se muevan sin parar el vaivén de las olas el llanto de la alegría mis adentros cuando llegas tú Mariani Sierra