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Lo bueno es que, cuando por fin entienda que tu partida es definitiva, será porque ya te habré olvidado.

Cosechadora

Pero no, es abstracta, es un pájaro De sonidos en el aire del encumbrado aire, Y su alma canta sin molestar Porque el canto es lo que la hace cantar . Fernando Pessoa

Desvarío

Estaba de noche y lo único en lo que pensaba era en cómo seguir las formalidades de la ocasión: saludar a los conocidos, presentarme con los nunca vistos, ayudar en lo que se necesitara... llegaron unas cuantas personas. Todo se dio acorde al plan, no hubo contratiempos de ningún tipo. Posteriormente, sin poder percibirlo, estaba afuera de la casa de mi vecino. No vi llegar a Juan Camilo, quien me dijo que lo esperara mientras iba a cambiarse. Yo me quedé afuera y, al voltear mi cabeza, ví cómo un sujeto de gafas y cara desconocida, abría (o cerraba) la puerta de un spark blanco, que reconocí de inmediato. Lo primero que hice fue gritarle, mientras corría hacia él, pero logró huir y sólo pude ver cómo se volteaba, sacando su arma, para dispararme. Todo se sintió muy lento, incluso creo haber visto el trayecto de la bala y haber tenido tiempo de voltearme, para que impactara directamente en mi espalda, desplomándome de inmediato. Estaba justo al frente de mi casa y sólo logré...

Historia impropia

Pongamos que un fulano va tranquilo por la vida hasta que se topa con una mengana, una que no tiene mucho de especial, que puede encajar en el promedio de menganas que van caminando por ahí por la calle, el fulano la ve y siente la necesidad de buscarla, hablarle, conocerla. Pongamos que la mengana, que anda por ahí, viviendo su vida con unos cuantos agobios, también lo nota y también se interesa en el fulano, porque sabe que cada persona es un mundo diferente y que de todos puede aprender mucho, y aunque a veces repele la compañía, otras veces se muestra presta a compartir pedacitos de su vida con desconocidos. Entonces se conocen y a la mengana le parece interesantísimo que al fulano le guste escalar, viajar, leer a Allende, relatar con precisión absoluta sus recuerdos y caminar mucho, así que le sigue hablando y empiezan a compartir cada vez más el uno al otro de lo suyo. Con todo esto, el fulano empieza a tener un interés diferente y, más allá de la belleza de la mengana,...

Orden cósmico

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No sos el lugar, pero todos los lugares tienen que ver con vos. 

Sublime

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Sos mi hogar. Y uno puede llegar a tener muchas casas, puede viajar por el mundo y por cualquier espacio territorial, puede alejarse por días; conocer lugares hermosos en los que quisiera vivir, calles que nunca quisiera dejar de transitar, lagos en los que quisiera bañarse por siempre y bosques en los que podría quedarse tendido y olvidarse de lo demás. Pero siempre hay un momento en el que se extraña y, a pesar de tener en frente las riquezas naturales o culturales más bellas de la vida, ningún sitio se piensa más reconfortante y cálido como el hogar. Entonces sólo se piensa en volver a el, a veces con locura, dejando todo tras de sí para disfrutar de su belleza con pasión, bailando a lo largo de sus pisos, pintando sus paredes. Otras veces, con mayor racionalidad, se vuelve buscando calma, disfrutando sus aromas y escuchando su bullicio silencioso. También ocurre que, estando ahí, no soportás su encierro y sólo pensás en salir de su monotonía, entonces empezás a modificar sus e...

El oficio de vestirse

De repente, cuando despierto en la mañana me acuerdo de mí, con sigilo abro los ojos y procedo a vestirme. Lo primero es colocarme mi gesto de persona decente. En seguida me pongo las buenas  costumbres, el amor filial, el decoro, la moral, la fidelidad conyugal: para el final dejo los recuerdos. Lavo con primor mi cara de buena ciudadana vista mi tan deteriorada esperanza, me meto en la boca de las palabras, cepillo la bondad  y me la pongo de sombrero y en los ojos esa mirada tan amable. Entre el armario selecciono las ideas que hoy me apetece lucir y sin perder más tiempo Me las meto en la cabeza. Finalmente, me calzo los zapatos y echo a andar, entre paso y paso tarareo esa canción que le canto a mi hija: “Si a tu ventana a llega el siglo veinte, trátalo con cariño que es mi persona. María Mercedes Carranza