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Sinmigo

Ya no me interesan mis manos. No quiero tenerlas si con ellas no puedo tocarte, escribirte o coger las tuyas. Tampoco me interesan mis ojos, ¿alguna vez dijiste que te gustaban mucho? Bueno, pues te los regalo, seguramente no brillan como en ese momento, pero tal vez podás conseguir un poco más de brillo si mi mente no los opaca recordándote mientras hablabas y ellos sólo podían admirarte. Es más, es probable que no se empañen con lagrimas si sos vos quien los tiene, y yo ya no puedo ver igual la vida, así que de todas formas debo cambiarlos. Las teorías sobre viajes en el tiempo también dejaron de parecerme interesantes; si no hay un desarrollo físico a la posibilidad de volver a tus ojos enamorados, no me interesa que el hombre consiga la fórmula para manipular la velocidad de la luz sin desintegrarse. Menos aún quiero ver los amaneceres, no quiero ver cómo se curva el rojo y yo me doy cuenta de que no vas a volver, no quiero que cada día empiece y termine sin vos, no quiero los d...

Cómo pesa el amor

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Noche cerrada ciega en el tiempo verde como la luna apenas clara entre las luciérnagas. Sigo la huella de mis pasos, el doloroso retorno a la sonrisa, me invento en la cumbre adivinada entre árboles retorcidos. Sé que algún día se alzarán de nuevo las yemas recién nacidas de mi rojo corazón, entonces, quizás, oirás mi voz enceguecedora como el canto de las sirenas; te darás cuenta de la soledad; juntarás mi arcilla, el lodo que te ofrecí, entonces tal vez sabrás como pesa el amor endurecido. Gioconda Belli
Al hablarte me escuchas desnuda de conceptos renuncias a ti misma para volverte aire y al vuelo de mis pájaros verbales concibes la palabra siempre virgen y madre vas perdurando los instantes en tu cintura poderosa algún día cuando pierda al mundo me harás permanecer. Homero Aridjis
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Podría permanecer palpándole por pedacitos puntos precisos, preciosos, provocativos, pequeños. Pasar por penínsulas piloerectas, percatándome primero, poseyendo posteriormente. Principalmente, por pasitos, permítame precederlo para percibirlo. Pronostico progresiones pujantes, potentes, poderosas; pasando por proemios, prometo pulsadas placenteras, para postrimeras premiantes. Preséntese, porque puede preferirlo.

oma eT

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Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores  blanquísimos donde se juegan las fuentes de la luz,  te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz,  voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y  cintas que dormían en la lluvia.  No quiero que tengas una forma, que seas  precisamente lo que viene detrás de tu mano,  porque el agua, considera el agua, y los leones  cuando se disuelven en el azúcar de la fábula,  y los gestos, esa arquitectura de la nada,  encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.  Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo,  pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco con ese  pelo lacio, esa sonrisa.  Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino  es también la luna y el espejo,  busco esa línea que hace temblar a un hombre en  una galería de museo.  Además te quiero, y hace tiempo y frío. Juli...
Los conjurados En el centro de Europa están conspirando. El hecho data de 1291. Se trata de hombres de diversas estirpes, que profesan diversas religiones y que hablan en diversos idiomas. Han tomado la extraña resolución de ser razonables. Han resuelto olvidar sus diferencias y acentuar sus afinidades Fueron soldados de la Confederación y después mercenarios, porque eran pobres y tenían el hábito de la guerra y no ignoraban que todas las empresas del hombre son igualmente vanas. Fueron Winkelried, que se clava en el pecho las lanzas enemigas para que sus camaradas avancen. Son un cirujano, un pastor o un procurador, pero también son Paracelso y Amiel y Jung y Paul Klee. En el centro de Europa, en las tierras altas de Europa, crece una torre de razón y de firme fe. Los cantones ahora son veintidós. El de Ginebra, el último, es una de mis patrias. Mañana serán todo el planeta. Acaso lo que digo no es verdadero, ojalá sea profético. Jorge Luis Borges
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Las mañanas frías deberían traerte consigo.