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Poema al gran masturbador

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A pesar de la oscuridad reinante la noche estaba en sus comienzos en los bordes de las grandes escalinatas de ágata donde fatigado por la luz del día que duraba desde la salida del sol el gran Masturbador su inmensa nariz apoyada sobre el piso de ónix sus enormes párpados cerrados la frente corroída por horribles arrugas y el cuello hinchado por el célebre forúnculo que bulle de hormigas se inmoviliza estático en ese instante del crepúsculo todavía demasiado luminoso mientras la membrana que recubre enteramente su boca se endurece a lo largo de la angustiosa de la enorme langosta aferrada inmóvil y apretada contra ella desde hace cuatro días y cinco noches. Todo el amor y toda la embriaguez del gran Masturbador residía en los crueles ornamentos de oro falso que recubren sus sienes delicadas y blandas e imitan la forma de una corona imperial cuyas finas hojas de acanto bronceado se prolongan hasta las mejillas rosadas e imberbes...

Persona

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“¿Crees que no lo comprendo? El sueño imposible de ser. No de parecer, sino de ser. Consciente en cada momento. Vigilante. Al mismo tiempo, el abismo entre lo que eres para los otros y lo que eres para tí misma, el sentimiento de vértigo y el deseo constante de, al menos, estar expuesta, de ser analizada, diseccionada, quizás incluso aniquilada. Cada palabra, una mentira, cada gesto una falsedad, cada sonrisa una mueca. Te sientes perpeleja de que a veces tus ideas de la vida no concuerden con tus actos. ¿Suicidarse? ¡Oh, no! Eso es horrible. Tú no harías eso. Pero puedes quedarte inmóvil y en silencio. Por lo menos así no mientes. Puedes encerrarte en tí misma, aislarte. Así no tendrías que desempeñar roles, ni poner caras ni falsos gestos. Piensas. Pero ¿ves? La realidad es perversa, tu escondite no es hermético. La vida se cuela por todas partes. Estás obligada a reaccionar. Nadie pregunta si eres real o irreal, si eres verdadera o falsa. La cuestión sólo importa e...

De historias bonitas.

Una gota . Micra acuifera que roza las papilas gustativas, deslizándose suavemente por entre las amigdalas, sobre el hioides, a través de la tráquea. Cae, apaciblemente llega, se fusiona con pepsinas y ácidos, 5 segundos y ya no hay gota.  Una hoja . Órgano vegetativo que, de la nada, se desprende de su origen. Aprende a flotar en el aire y se llena de extásis mientras juguetea con el mismo, sintiendo cómo las nubes juguetonas la soplan y mecen. Se adormila. Siente tocar una superficie más tosca, se olvida de su momento de gloria y se sumerge en un profundo sueño. La cuerda de una guitarra. Pedazo de acero desabrido masajeado por proteínas fibrosas, que rasgan su superficie y le hacen convulsionar, creando así melodías igual de desabridas. Convulsiona tanto que llega a su momento de climax, en el que siente cómo se deshace de sí misma, y queda reducida a dos pedazos de alambre con destino a la chatarra.                 ...
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Me encuentro atrapada en su recuerdo.

Preclusión.

Indeterminación: " Lo que es, no está plenamente determinado. Lo que es, es caos o abismo o lo sin fondo". Fuimos. Fuimos caos, abismo y lo sin fondo. Fuimos una constante incógnita, un constante devenir que se daba a lugar cuando me quedaba mirándolo y me enredaba en sus pestañas. Nunca estuve segura si lo mejor sería desenredarme o haberme quedado en ellas, esperando el momento en el que se cansara de sostenerme y me dejara caer, mientras sentía que sólo estaba en el rodadero, como una de las tantas veces en las que en el parque jugábamos como niños. Y es que con frecuencia me sentía ir, pero entonces me quedaba estancada y volvía a trepar.  Hasta que decidí desenredarme sola y evitar sentirme en un sueño onírico, en el que de todas formas no habría tenido control de nada. Simplemente en lo que respecta a su partida no he podido dejar de sentirla como un mal sueño, uno del que me despertaré y sentiré en mi cara el calor de su pecho, sus latidos y unas ansias ...

Antagonía.

Mi vida se parte en dos: La escéptica y la soñadora.          La tímida y la sensual. La sencilla y la caprichosa.          La solitaria y la dependiente. La simple y la cariñosa.          La desconfiada y la entregada. La distante y la benévola.          La perspicaz y la pendeja. Mi vida se parte en dos: entre parte y contraparte, un  abismo de diferencia entre la una y la otra. Mi vida se parte en dos; y en la mitad lo encuentro a  usted.

Anhelo.

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Sueño con usted; y cuando lo hago, me doy cuenta de lo lejano que está de mi realidad.