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¿Dónde?

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¿Me extravié en la fiebre? ¿Detrás de las sonrisas? ¿Entre los alfileres? ¿En la duda? ¿En el rezo? ¿En medio de la herrumbre? ¿Asomado a la angustia, al engaño, a lo verde?... No estaba junto al llanto, junto a lo despiadado, por encima del asco, adherido a la ausencia, mezclado a la ceniza, al horror, al delirio. No estaba con mi sombra, no estaba con mis gestos, más allá de las normas, más allá del misterio, en el fondo del sueño, del eco, del olvido. No estaba. ¡Estoy seguro! No estaba. Oliverio Girondo

El amenazado

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Es el amor. Tendré que ocultarme o huir.    Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. La    hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.    ¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,    la vaga erudición el aprendizaje de las palabras que usó    el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad,    las galerías de la Biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven    amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche    intemporal, el sabor del sueño? Estar contigo o no estar contigo, es la medida de mi tiempo. Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz    del ave, ya se han oscurecido los que miran por la ventana, pero la    sombra no ha traído la paz. Es ya lo se, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la    espera y la memoria, el horror de...

Meditaciones desventuradas.

Y fue ese el momento en el que supe que nada volvería a ser como antes. En el torbellino de lo nuestro, lo tuyo prevaleció y lo mío se fue con lo tuyo. Me explico; mientras tú te fuiste intacto, sin rasguños o moretones, yo quedé desahuciada. Te llevaste lo mío y lo tuyo, ganaste el doble y a mí me quedaron los escombros de todo lo que alguna vez fue.  Y ahí empieza a doler; duele la ausencia, duele el frío, duele pensar y no poder dejar de hacerlo. Desconcierto No entiendo nada, supongo que debí habernos dejado en borradores. Nos creé un mundo, pero tú no quisiste ser parte de el. O peor aún, el hecho de ser parte de el fue lo que te hizo entender que ese no era tu lugar. A lo mejor pido demasiado, espero demasiado, quiero demasiado y soy demasiado poco... En este punto culparte se torna absurdo, tú no tienes la culpa de no querer contagiarte de lo que este manojo de inseguridades tiene para ofrecerte, lo tengo claro; soy muy buena destejiendo para enredar los ...

Rukbat.

Soy fuego sintiéndome agua. No me impongo, me moldeo. O tal vez soy una dicotomía, fuego y agua, luz y calma. Las dos tan aparte y tan parte de mí. ¿cómo encendemos el fuego con agua? Qué absurdo. Pero entonces llegas tú, y necesito saber ¿qué haces tú aquí? ¿qué buscas en esta aleación? ¿sabes acaso en qué te estás metiendo? Mírame, mira mis incoherencias, mis diferencias conmigo misma. Llegas tú a forzar la unión entre tu determinante  Pritvi tattva con mi receloso  tattva agni y entonces lo sé, sé que mi interior se está incendiando. Tienes tú la forma de hacer despertar en mí la gestación de unas nuevas ansias. Creamos de esta forma un micro cosmos, emanamos polvo de estrellas y en nuestra armonía alcanzamos   nuestro  tattva akasha. Nos inventamos y nos prolongamos.  Cuerpo celeste levitando en espacios incógnitos. A mí me llenan las ansias carnívoras de saborearle todo; sobrepasar la física: volar las falacias de los sentidos.

A media noche.

Se abren puertas se descubren ventanas Un fuego se enciende y me deslumbra Todo se decide encuentro Criaturas que yo no he deseado. He aquí el idiota que recibía cartas del exterior He aquí el anillo precioso que él creía de plata He aquí la mujer charlatana de cabellos blancos He aquí la muchacha inmaterial Incompleta y fea bañada de noche y de miseria Cargada de absurdas plantas silvestres Su desnudez su castidad sensibles de cualquier parte He aquí el mar y barcos sobre mesas de juego Un hombre libre otro hombre libre y es el mismo Animales exaltados ante el miedo con máscara de barro Muertos prisioneros locos todos los ausentes. Pero tú ¿por qué no estás aquí tú para despertarme? Paul Éluard.

Un cadáver exquisito.

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"Les éléphants sont contagieux". Paul Éluard.

Algo sin sentido y un caligrama.

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La literatura dibujada.  Mi amor. Sí, así es como te veo. Te veo mía, parte de mí. Amor, vida, mía. Quiero que seas la parte azul de la llama y yo ser la naranja. Que nos complementemos, quemándonos de a poquito, sintiendo cada uno de nuestros poros queditos, pegaditos como parte de un todo. Orbitemos mutuamente al rededor de nuestro propio centro, formemos nuestra Alfa centauri.  Sólo quiero de ti lo que tú estés dispuesta a darme, y yo a cambio te ofreceré todo lo que esté a mi alcance, todo aquello que nos permita elevarnos a nuevas galaxias, entre tus brazos y los míos. El hecho de partir en una nube sólo me resulta incitante si son sus pechos el hidrometeoro que cito.